Viejas ideas

Hace muchos años y por mucho tiempo, dije que llegando a cierta edad justo a esta edad, si no estaba casada sería madre soltera. Creo que mucha de esa idea la forjé porque toda mi vida vi como un gran ejemplo de ello a mi tía Yolanda.
Su vida nunca fue sencilla nació en el núcleo de una familia tradicionalista donde mi abuela  por mucho tiempo considero que tener una hija con poliomielitis era una vergüenza. Afortunadamente mi abuelo siempre pensó     distinto y siempre intentó motivarla para seguir adelante, gracias a su apoyó ella logró tener una carrera técnica como secretaria y la ejercicio toda su vida en la facultad de odontología de la UNAM.
En un momento de la vida y en la cual ella tuvo una relación queda embarazada, aun poniendo en riesgo su vida ya que tenía una barra de platino en la columna decidió tener a su hija sin el apoyo de su pareja y mucho menos el de su madre. 
No hay momento que no recuerde su entrega a su hija, vivía sólo para ella  en cuidarla, verla crecer, educarla y disfrutar la vida a su lado sin importar que tuviera muchas veces preocupaciones económicas. De esas preocupaciones nadie se enteraba ella veía que hacía o como le hacía pero sacaba todo adelante, creo que dejo por mucho su vida sentimental de lado porque su hija era el más grande amor que pudiese tener. Educo a una hija feliz, independiente y que disfruta de la vida
 
Al ver yo eso sabía que sola, sin un hombre a mi lado,  podía lograr tener, educar y sacar adelante un hijo y tenerlo a esta edad para contar con  la energía suficiente para andar del tingo al tango con él, ella me demostró que cuando se quiere, se puede y no importa que el viento sople en contra.
 
Si embargó el tiempo paso y su salud fue deteriorando, durante su infancia paso por muchas cirugías en la columna, transfusiones de sangre en una época donde no había controles. La barra en su columna se empezó a desviar, hepatitis por las transfusiones y anemia severa, largas temporadas en el hospital una agonía larga y ver otra cara de esa historia, el que ella no tuviera quien la apoyara con su hija, que su hija no tuviera con quien apoyarse, la familia estábamos ahí, pero no es lo mismo a que tu padre este ahí. 
Admire hasta el último momento su fuerza y determinación, no importo que tuviese que arrastrarse para ir a trabajar, su hija lo valía. 
 
Pero ese último capítulo de su vida cambió mi perspectiva y me di cuenta que no podía ser tan egoísta de negarle a mi hijo el derecho de tener un padre, de convivir con él y crecer con él, que yo no podía disponer de una vida sólo por el hecho sentirme realizada. Poco a poco también entendí que no merecía ser hijo de abuelos, tíos, de guarderías, de ratitos, que merece una familia que siempre sea soporté para educarlo y ayudarlo a enfrentar los tiempos cada vez más complicados. Que si un día falta uno, tendrá al otro para apoyarse y levantarse para seguir su camino.
 
No sé  si algún día tendré un hijo, pero hoy ya sé que quiero y sé que no me puedo llevar entre los pies al alguien sólo por un acto egoísta.

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